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¿Qué es el Accidente cerebrovascular EVT?

El accidente cerebrovascular endovascular, conocido por sus siglas EVT (Endovascular Treatment), es un tratamiento mínimamente invasivo utilizado para los accidentes cerebrovasculares, especialmente los que son causados por un bloqueo en las arterias, conocidos como accidentes cerebrovasculares isquémicos.

Esta técnica moderna representa un avance significativo en la neurología y la neurocirugía, ofreciendo una nueva esperanza para aquellos pacientes que enfrentan esta condición potencialmente devastadora.

El procedimiento EVT implica la utilización de catéteres y dispositivos especializados que se guían a través de los vasos sanguíneos hasta alcanzar el coágulo que está causando el bloqueo en el cerebro.

Una vez en el sitio del coágulo, el especialista puede utilizar varios métodos para removerlo o disolverlo, tales como dispositivos mecánicos de extracción de coágulos (trombectomía) o la administración localizada de medicamentos trombolíticos que ayudan a disolver el coágulo.

Esta técnica es particularmente eficaz si se realiza dentro de las primeras horas desde el inicio de los síntomas del accidente cerebrovascular, aumentando significativamente las posibilidades de recuperación funcional y reduciendo el riesgo de daño cerebral permanente.

Sin embargo, no todos los pacientes son candidatos para este tratamiento, y la elegibilidad depende de varios factores, incluidos el tiempo transcurrido desde el inicio de los síntomas, la localización y tamaño del coágulo, y las condiciones generales de salud del paciente.

El impacto del EVT en el tratamiento del accidente cerebrovascular isquémico es profundo, ya que permite una intervención directa para remover el obstáculo que impide el flujo sanguíneo al cerebro, ofreciendo así una ventana crítica para minimizar o incluso revertir el daño cerebral. Este enfoque contrasta con los tratamientos convencionales que, si bien son efectivos en la disolución de coágulos, pueden no ser suficientemente rápidos o directos para todos los tipos de coágulos o localizaciones.

Es crucial que la población esté informada sobre los síntomas del accidente cerebrovascular y la importancia de buscar atención médica inmediata ante su aparición. La rapidez en la respuesta no solo aumenta la efectividad del EVT, sino que también marca la diferencia en el pronóstico a largo plazo del paciente, potencialmente salvando vidas y mejorando la calidad de vida después de un accidente cerebrovascular.

Al considerar tratamientos como el EVT, es fundamental acercarse a centros especializados con equipos de neurología y neurocirugía que cuenten con la experiencia y los recursos necesarios para llevar a cabo estos procedimientos complejos. La colaboración interdisciplinaria en estos centros asegura una atención integral que aborda no solo la intervención inmediata sino también la rehabilitación y el seguimiento a largo plazo, elementos clave para la recuperación del paciente.

Cuáles son los componentes del tratamiento

El Tratamiento Endovascular (EVT) para accidentes cerebrovasculares isquémicos consiste en una serie de técnicas mínimamente invasivas diseñadas para eliminar o disolver coágulos de sangre que obstruyen los vasos sanguíneos en el cerebro, los cuales son la causa principal de este tipo de accidente cerebrovascular.

El objetivo del EVT es restablecer rápidamente el flujo sanguíneo al área del cerebro afectada, minimizando así el daño cerebral y mejorando los resultados funcionales para el paciente. A continuación, se describen los componentes clave y el proceso general de este tratamiento:

Evaluación y Diagnóstico Inicial:

Antes de proceder con el EVT, es crucial realizar una evaluación rápida y precisa del paciente para confirmar la presencia de un ACV isquémico y determinar su elegibilidad para el tratamiento. Esto generalmente involucra el uso de imágenes cerebrales avanzadas, como:

  • La tomografía computarizada (TC)
  • La resonancia magnética (RM)
  • Puede incluir también imágenes de los vasos sanguíneos (angiografía) para localizar el coágulo.

Acceso al Sistema Vascular:

El procedimiento comienza con la inserción de un catéter a través de una arteria, típicamente en la ingle o la muñeca. Este catéter se guía cuidadosamente a través del sistema vascular hasta alcanzar el área afectada en el cerebro.

Eliminación o Disolución del Coágulo:

Una vez que el catéter alcanza el coágulo, el especialista puede utilizar diversas técnicas para eliminarlo o disolverlo. Las opciones incluyen:

  • Trombectomía Mecánica:

Uso de dispositivos especiales, como stents retrievers o sistemas de aspiración, para capturar y extraer físicamente el coágulo.

  • Administración Local de Trombolíticos:

Inyección directa de medicamentos que disuelven coágulos (trombolíticos) en el sitio del coágulo para ayudar a descomponerlo.

Restauración del Flujo Sanguíneo:

El éxito del procedimiento se evalúa en tiempo real mediante angiografía para confirmar la restauración del flujo sanguíneo en el área afectada del cerebro.

Finalización y Cuidados Postprocedimiento:

Una vez completado el procedimiento y restablecido el flujo sanguíneo, el catéter se retira y se cierra el sitio de acceso vascular. El paciente es trasladado a una unidad de cuidados intensivos o una unidad especializada en ACV para monitoreo y cuidados postprocedimiento.

Consideraciones Importantes

  • Ventana de Tiempo:

El EVT es más efectivo cuando se realiza lo antes posible después del inicio de los síntomas del ACV, idealmente dentro de las primeras horas. La ventana de tiempo recomendada puede variar dependiendo de las circunstancias individuales y los avances en las guías de tratamiento.

  • Evaluación de Riesgos y Beneficios:

Aunque el EVT ha demostrado mejorar significativamente los resultados en muchos pacientes con ACV isquémico, no todos los pacientes son candidatos ideales para este procedimiento.

La decisión de proceder con el EVT implica una evaluación cuidadosa de los riesgos y beneficios basada en la condición específica del paciente, la localización del coágulo, y otros factores de salud.

El Tratamiento Endovascular representa un avance significativo en la atención del ACV isquémico, ofreciendo esperanza y mejorando las perspectivas de recuperación para muchos pacientes. Sin embargo, la educación continua sobre la prevención del ACV y la importancia de reconocer y responder rápidamente a sus síntomas sigue siendo esencial para reducir su impacto en la sociedad.

¿Cuáles son los síntomas que se presentan con este tipo de ACV?

Los síntomas de un accidente cerebrovascular (ACV) isquémico, el tipo de ACV que comúnmente se trata con terapias endovasculares como el EVT (Tratamiento Endovascular), pueden variar significativamente de una persona a otra, dependiendo de la parte del cerebro afectada y la extensión del daño.

Sin embargo, existen varios signos y síntomas claves que pueden indicar la ocurrencia de un ACV. La identificación temprana de estos síntomas es crucial, ya que la rapidez en el tratamiento puede influir significativamente en el pronóstico y la recuperación del paciente.

Los síntomas más comunes del ACV isquémico incluyen:

  • Debilidad o parálisis en un lado del cuerpo:

Puede manifestarse como debilidad súbita en la cara, el brazo y/o la pierna de un lado del cuerpo. Una prueba simple es pedir a la persona que sonría o levante ambos brazos; la dificultad o incapacidad para hacerlo puede ser un indicador de ACV.

  • Confusión o dificultad para hablar y entender:

La persona puede experimentar súbita confusión, tener problemas para hablar claramente o entender lo que otros dicen. Pedirle a la persona que repita una frase simple puede ayudar a identificar este síntoma.

  • Problemas de visión en uno o ambos ojos:

Esto puede incluir visión borrosa, visión doble, o la pérdida repentina de la visión.

  • Dificultad para caminar, pérdida de balance o coordinación:

El individuo puede mostrar una marcha inestable, tropezar o tener dificultades para mantener el equilibrio o coordinar sus movimientos.

  • Dolor de cabeza severo y súbito sin causa conocida:

Un dolor de cabeza intenso y abrupto, que se describe a menudo como el «peor dolor de cabeza de la vida» del individuo, puede ser un signo de un tipo de ACV conocido como hemorrágico, pero también puede ocurrir en ACVs isquémicos.

La presencia de cualquiera de estos síntomas requiere atención médica inmediata. Es importante recordar el acrónimo FAST (Cara, Brazos, Habla, Tiempo, por sus siglas en inglés) como una herramienta de recordatorio rápido para identificar y reaccionar ante los síntomas de un ACV:

  • Cara: Pide a la persona que sonría. ¿Se cae un lado de la cara?
  • Brazos: Pide a la persona que levante ambos brazos. ¿Puede levantarlos? ¿Desciende uno de los brazos involuntariamente?
  • Habla: Pide a la persona que repita una frase simple. ¿Es su habla arrastrada o extraña?
  • Tiempo: Si observas cualquiera de estos síntomas, incluso si los síntomas parecen variar o desaparecer, es momento de llamar a los servicios de emergencia inmediatamente.

La conciencia sobre estos síntomas y la acción rápida pueden hacer una diferencia significativa en el tratamiento y recuperación de un ACV, subrayando la importancia de la educación y la preparación ante estos eventos críticos.

¿Qué secuelas se pueden presentar?

Las secuelas de un accidente cerebrovascular (ACV) pueden variar ampliamente en su gravedad y tipo, dependiendo de la ubicación y la extensión del daño cerebral. Estas secuelas reflejan la complejidad del cerebro y la amplia gama de funciones que controla. Aunque algunas personas pueden experimentar una recuperación significativa, otras pueden enfrentar desafíos a largo plazo. Las siguientes son secuelas comunes que se pueden presentar después de un ACV:

  • Dificultades motoras y de movilidad:

Incluyen debilidad (hemiparesia) o parálisis (hemiplejía) en un lado del cuerpo. Esto puede afectar la capacidad del individuo para realizar tareas cotidianas, caminar, o mantener el equilibrio y la coordinación.

  • Problemas del habla y del lenguaje (afasia):

La dificultad para hablar, entender el habla, leer, o escribir puede ocurrir si el ACV afecta las áreas del cerebro responsables del lenguaje. La severidad puede variar desde problemas leves hasta la pérdida total de la capacidad para comunicarse.

  • Alteraciones cognitivas:

Estas incluyen problemas con la atención, la concentración, la memoria, el procesamiento de información, y la resolución de problemas. Estas dificultades pueden impactar la capacidad para realizar actividades diarias y volver al trabajo o la escuela.

  • Cambios emocionales y en la personalidad:

Es común que las personas experimenten cambios en su estado de ánimo, como depresión o ansiedad, después de un ACV. También pueden ocurrir cambios en la personalidad, como aumento de la irritabilidad, cambios en el juicio o en la inhibición, y fluctuaciones en el estado emocional.

  • Problemas de percepción y espaciales:

Algunas personas pueden tener dificultades para entender y procesar la información visual o espacial, lo que puede afectar la capacidad para reconocer objetos, juzgar distancias, o navegar por el entorno.

  • Dificultades para tragar (disfagia):

Esto puede incluir problemas para tragar alimentos y líquidos de manera segura, lo que puede aumentar el riesgo de asfixia o infección pulmonar (neumonía aspirativa).

  • Problemas de control de esfínteres:

La incontinencia urinaria o fecal puede ser una consecuencia del ACV, afectando la independencia y la calidad de vida.

Es importante destacar que la recuperación de un ACV es un proceso continuo y a menudo requiere la intervención de un equipo multidisciplinario, incluidos fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, logopedas, neuropsicólogos, y especialistas en rehabilitación.

La rehabilitación está diseñada para ayudar a la persona a recuperar tanta independencia y calidad de vida como sea posible, adaptándose a las secuelas y aprendiendo nuevas formas de realizar tareas o modificar su entorno para acomodar sus limitaciones.

La familia y los cuidadores juegan un papel crucial en el proceso de recuperación, proporcionando apoyo emocional, asistencia práctica, y fomentando la participación en el programa de rehabilitación. La motivación y el enfoque positivo del individuo afectado son factores determinantes para maximizar la recuperación y adaptarse a los cambios después de un ACV.

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