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Consumo de comestibles tras un accidente cerebrovascular

Un accidente cerebrovascular es una emergencia médica que puede llegar a ser devastadora. Puede manifestarse de diferentes formas según el área del cerebro afectada, siendo la dificultad para la deglución una de las posibles secuelas.

Esto cobra importancia ya que, de no ser detectada, puede llegar a haber más complicaciones como una neumonía por aspiración. A continuación, te explicaremos cómo detectar un problema de la deglución en personas que hayan tenido un ACV, y que hacer en caso de presentar esta complicación.

¿Qué es un accidente cerebrovascular?

Un accidente cerebrovascular ocurre cuando el suministro de sangre a una parte del cerebro se interrumpe o se reduce significativamente, privando a las células cerebrales del oxígeno y los nutrientes necesarios para funcionar adecuadamente. Esta interrupción puede causar daño cerebral irreversible en cuestión de minutos. Los síntomas de un accidente cerebrovascular pueden variar según el área del cerebro afectada, pero comúnmente incluyen pérdida repentina de la sensibilidad o el movimiento en la cara, el brazo o la pierna, confusión, dificultad para hablar o entender el lenguaje, y problemas repentinos para ver con uno o ambos ojos.

Disfagia: una secuela del accidente cerebrovascular

Entre las posibles secuelas de un accidente cerebrovascular, la disfagia o dificultad para tragar es una de las más comunes y significativas. La disfagia puede ocurrir cuando los músculos y los nervios que controlan la deglución se ven afectados por el accidente cerebrovascular, lo que dificulta tragar alimentos y líquidos de manera segura y eficiente. Esto puede aumentar el riesgo de aspiración, donde los alimentos o líquidos ingresan a las vías respiratorias en lugar de al esófago, lo que puede provocar neumonía por aspiración, una complicación grave que puede ser potencialmente mortal ya que compromete la respiración de quien lo presenta.

Es crucial que las personas que han sufrido un accidente cerebrovascular sean evaluadas para determinar si tienen disfagia y, de ser así, recibir tratamiento adecuado. Una de las herramientas más importantes en esta evaluación es la prueba de deglución, que evalúa la capacidad de una persona para tragar alimentos y líquidos de manera segura. Durante esta prueba, se pueden utilizar diferentes consistencias de alimentos y líquidos para determinar si hay algún problema al tragar y, de ser necesario, se pueden recomendar modificaciones dietéticas y técnicas de deglución para reducir el riesgo de complicaciones. Es importante que esta prueba sea realizada por una persona capacitada ya que existe el riesgo de aspiración.

Papel de la terapia de deglución en un accidente cerebrovascular

La terapia de deglución desempeña un papel fundamental en el tratamiento de la disfagia después de un accidente cerebrovascular. Esta terapia, dirigida por un fisioterapia o foniatra especializado en trastornos de la deglución, se centra en mejorar la seguridad y la eficacia de la deglución. Esto puede incluir ejercicios para fortalecer los músculos utilizados en la deglución, técnicas para mejorar el control de la respiración durante la deglución y estrategias para modificar la consistencia de los alimentos y líquidos según las necesidades individuales del paciente.

Además de la terapia de deglución, es importante que las personas que han sufrido un ACV reciban apoyo nutricional adecuado para garantizar que reciban los nutrientes necesarios para su recuperación. Esto puede implicar trabajar con un nutriólogo para desarrollar un plan de alimentación que sea fácil de tragar y que cumpla con las necesidades nutricionales específicas del paciente.

Función de la sonda de gastrostomía

Es importante tener en cuenta que la disfagia después de un accidente cerebrovascular puede variar en gravedad. Algunas personas pueden experimentar mejoras significativas con la terapia de deglución y otras intervenciones, mientras que otras pueden requerir soporte a largo plazo para manejar los problemas de deglución. En caso de no haber mejoría con la terapia de deglución, o que el déficit sea muy severo, será necesario recurrir a la realización de una gastrostomía. Se trata de un procedimiento que consiste en la colocación de una sonda que va desde el estómago, saliendo directamente a través de la pared abdominal y de la piel. Esta sonda servirá para alimentarse, administrando la comida mediante la sonda y llegando directamente al estómago. Es importante recordar que no se trata de una medida definitiva, sino que es una medida temporal para lograr la alimentación mientras se continua con la terapia de deglución. Esta sonda puede retirarse una vez que se logre una adecuada alimentación por la boca sin haber riesgo de aspiración.

La disfagia es una secuela común y significativa de un accidente cerebrovascular, que puede aumentar el riesgo de complicaciones graves si no se maneja adecuadamente. Es fundamental que las personas que han sufrido un accidente cerebrovascular sean evaluadas para determinar si tienen disfagia y reciban tratamiento y apoyo adecuados, incluida la terapia de deglución y el asesoramiento nutricional. 

¿Qué otras secuelas, además de disfagia, pueden complicar la alimentación en personas que sufrieron un accidnete cerebrovascular?

Los accidentes cerebrovasculares pueden tener efectos devastadores en diversas funciones corporales, incluidas aquellas relacionadas con la alimentación. La disfagia, o dificultad para tragar, es una de las secuelas más comunes y reconocibles después de un accidente cerebrovascular. Sin embargo, hay otras secuelas que pueden complicar aún más la alimentación en personas que han sufrido este tipo de evento. Es importante abordar estos aspectos para entender cómo pueden afectar la nutrición y la calidad de vida del paciente, así como las estrategias de intervención para manejar estos problemas.

  • Problemas de percepción y cognición:

Los accidentes cerebrovasculares pueden afectar la capacidad del cerebro para procesar información sensorial y cognitiva. Esto puede incluir dificultades para reconocer alimentos, confusión acerca de cómo usar los utensilios o no recordar cómo masticar y tragar adecuadamente. La rehabilitación cognitiva y el apoyo durante las comidas pueden ser necesarios para ayudar a estos pacientes.

  • Debilidad muscular facial y oral:

Además de la disfagia, la debilidad en los músculos de la cara y la boca puede dificultar el cierre de los labios, lo que impide crear un sello efectivo para succionar líquidos o controlar sólidos, y la manipulación de los alimentos dentro de la boca para una masticación adecuada.

  • Apraxia:

Es la dificultad para realizar movimientos voluntarios a pesar de no tener parálisis muscular significativa. En el contexto de la alimentación, la apraxia puede manifestarse como una dificultad para planificar y ejecutar los movimientos necesarios para alimentarse, como llevar la comida a la boca.

  • Disartria:

Aunque principalmente afecta el habla, la disartria, que implica debilidad en los músculos del habla, también puede dificultar el control de los alimentos y los líquidos dentro de la boca, así como el inicio del reflejo de deglución.

  • Alteraciones sensoriales:

La pérdida o disminución de la sensibilidad en la boca y la garganta puede llevar a una falta de conciencia de la comida en la boca o a la incapacidad de detectar alimentos o líquidos que no se han tragado completamente, aumentando el riesgo de aspiración.

  • Problemas emocionales y de ánimo:

La depresión y la ansiedad son comunes después de un accidente cerebrovascular y pueden disminuir el apetito o el interés en la alimentación. La apatía o la falta de motivación también pueden reducir el deseo de participar en las comidas.

  • Fatiga:

La fatiga extrema, un síntoma frecuente después de un accidente cerebrovascular, puede hacer que el acto de comer sea físicamente agotador, llevando a una ingesta inadecuada de alimentos.

Manejar estas secuelas requiere un enfoque multidisciplinario que puede incluir terapia del habla para la disfagia y la disartria, terapia ocupacional para la apraxia y el manejo de utensilios, apoyo nutricional para garantizar una alimentación adecuada, y asesoramiento psicológico para abordar problemas emocionales y de ánimo. El objetivo es mejorar la calidad de vida del paciente, asegurando que puedan alimentarse de manera segura y eficaz, a la vez que se promueve la mayor independencia posible. La paciencia, el amor y el apoyo de familiares y cuidadores son fundamentales en este proceso de recuperación y adaptación.

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