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Derrame cerebral: causas comunes que se pasan por alto

Autor: Giovana Fermat Roldán

Derrame cerebral: causas comunes que se pasan por alto

Cuando se habla de un derrame cerebral, también conocido como infarto cerebral o accidente cerebrovascular isquémico (ACV), muchas personas piensan inmediatamente en factores de riesgo conocidos como la hipertensión arterial o la diabetes. Sin embargo, existen otras causas que suelen pasar desapercibidas y que, silenciosamente, incrementan el riesgo de sufrir un evento de este tipo. Como neurólogo especializado en la atención de infartos cerebrales, es importante señalar que la prevención no solo implica controlar lo evidente, sino también comprender los factores que a menudo se subestiman.

A continuación, se detallan algunas causas comunes de derrame cerebral que podrías estar ignorando y que merecen atención médica oportuna.

1. Fibrilación auricular no diagnosticada

La fibrilación auricular (FA) es una arritmia cardíaca frecuente que puede pasar desapercibida, especialmente en adultos mayores. En muchas ocasiones, no da síntomas evidentes, pero aumenta significativamente el riesgo de que se formen coágulos en el corazón que viajen al cerebro, provocando un infarto cerebral.

La detección oportuna mediante electrocardiograma o monitoreo Holter puede marcar la diferencia. Personas con palpitaciones ocasionales, mareos o antecedentes familiares deben considerarlo seriamente.

2. Apnea del sueño no tratada

Pocas personas relacionan los trastornos del sueño con problemas neurológicos graves, pero la apnea obstructiva del sueño es un factor de riesgo importante para los accidentes cerebrovasculares. Durante las pausas en la respiración nocturna, disminuye el aporte de oxígeno al cerebro y se genera un estado inflamatorio crónico que favorece la aparición de eventos vasculares.

Si existen ronquidos frecuentes, somnolencia diurna o pausas respiratorias observadas por la pareja, es recomendable realizar un estudio de sueño (polisomnografía).

3. Uso prolongado de anticonceptivos hormonales

En mujeres jóvenes, una causa no tan conocida del infarto cerebral es el uso de anticonceptivos orales combinados, sobre todo cuando se acompaña de otros factores como el tabaquismo o la migraña con aura. Estas condiciones pueden alterar la coagulación y aumentar el riesgo de trombosis cerebral.

El acompañamiento ginecológico y neurológico puede ayudar a identificar si una paciente está en riesgo, especialmente si existen antecedentes personales o familiares de trombosis.

4. Migraña con aura

Aunque la migraña es una afección común y generalmente benigna, en personas que presentan aura (alteraciones visuales o sensoriales previas al dolor de cabeza), el riesgo de infarto cerebral se encuentra ligeramente aumentado, especialmente si se combina con otros factores como el tabaquismo, los anticonceptivos o la hipertensión.

Es fundamental que personas con migraña con aura recurrente reciban evaluación neurológica y seguimiento, para identificar posibles riesgos adicionales.

5. Enfermedades autoinmunes o inflamatorias

Enfermedades como el lupus eritematoso sistémico, la arteritis de células gigantes o la vasculitis pueden inflamar los vasos sanguíneos y predisponer a obstrucciones que causen infartos cerebrales. Aunque no son causas comunes, en pacientes jóvenes con ACV sin factores de riesgo tradicionales, deben ser consideradas.

El neurólogo trabaja en conjunto con reumatología para identificar estas condiciones y evitar recurrencias.

6. Estrés crónico y salud emocional

El estrés crónico, la ansiedad y la depresión no solo afectan el bienestar mental, sino también el funcionamiento del sistema cardiovascular. Estos estados emocionales se han asociado con aumentos persistentes de la presión arterial, alteraciones del ritmo cardíaco y procesos inflamatorios, todos ellos factores que predisponen a un derrame cerebral.

Promover un equilibrio emocional, buscar apoyo psicológico y mejorar los hábitos de vida también es prevención neurológica.

7. Sedentarismo y obesidad silenciosa

No moverse lo suficiente, permanecer sentado durante horas y mantener una alimentación inadecuada puede llevar al llamado síndrome metabólico, el cual incluye obesidad abdominal, resistencia a la insulina, dislipidemia e hipertensión. Todos ellos son factores de riesgo directo para el infarto cerebral.

Incorporar actividad física diaria, aun en pequeñas dosis, es una de las formas más efectivas de prevención a largo plazo.

Reflexión final: no se trata solo del corazón

Cuando se piensa en la salud cerebral, es importante mirar más allá de lo evidente. El derrame cerebral es una enfermedad prevenible en la mayoría de los casos, y para prevenirlo, es necesario escuchar lo que el cuerpo y la mente intentan comunicar cada día.

Si existe la sospecha de estar expuesto a alguno de estos factores de riesgo, incluso si se sienten menores o lejanos, lo mejor es acudir con un especialista en neurología para una evaluación integral. La prevención salva vidas, y cada paso que se da a tiempo puede marcar la diferencia entre una vida activa y una marcada por las secuelas de un infarto cerebral.