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Componentes de la Escala FAST para Ictus

El ictus, también conocido como accidente cerebrovascular (ACV), es una de las principales causas de discapacidad y muerte en todo el mundo. Se trata de una afección que afecta al cerebro y se produce cuando el flujo sanguíneo se interrumpe debido a un bloqueo o la ruptura de un vaso sanguíneo.                   Es importante destacar que el Método FAST no es una herramienta de diagnóstico definitiva, sino más bien una indicación inicial de la posibilidad de un ictus. La evaluación y confirmación por parte de profesionales médicos especializados es esencial para un diagnóstico preciso y un tratamiento adecuado.

¿Qué es el método Fast?

El Método FAST es una herramienta de evaluación rápida y sencilla que se utiliza para identificar los síntomas de un posible ictus. Fue desarrollado por el Cincinnati Prehospital Stroke Scale en colaboración con el Departamento de Emergencias de la Universidad de Cincinnati. El método se basa en la observación de tres signos claves: la cara, los brazos y el habla del paciente, y la importancia de actuar rápidamente.

¿De qué se compone el método Fast?

La escala de Cincinnati o Método FAST se divide en cuatro pasos sencillos:

  • Rostro (Face): Se le pide al paciente que sonría. Si hay una asimetría facial evidente, como una caída de un lado de la boca o la incapacidad para mover un lado de la cara, esto puede indicar un posible ictus.
  • Brazos (Arms): Se le pide al paciente que levante ambos brazos. Si uno de los brazos no se eleva o cae de manera involuntaria, esto puede ser un signo de debilidad o parálisis en uno de los lados del cuerpo, lo cual puede ser indicativo de un ictus.
  • Habla (Speech): Se le pide al paciente que repita una frase simple. Si el habla se torna incoherente, arrastrada o si el paciente tiene dificultades para hablar, esto puede ser un síntoma de un posible ictus.
  • Tiempo (Time): Si se observa alguno de estos síntomas, es importante actuar rápidamente. Llamar inmediatamente a los servicios de emergencia y proporcionarles toda la información relevante es crucial para un diagnóstico y tratamiento temprano.

El tiempo es un factor crítico en el tratamiento de este. Cuanto antes se administre el tratamiento, mayores serán las posibilidades de minimizar los daños y mejorar la recuperación del paciente.

Primeros síntomas del ictus

Antes de proceder con cualquier método de diagnóstico de un ictus, es conveniente aprender a identificar algunas situaciones que pueden suponer un indicio de que algo no anda bien. El riesgo de padecer un ictus aumenta de manera considerable con la edad. No en vano, el 85 % de los casos diagnosticados se registra en personas mayores de 65 años. 

Tanto los cuidadores profesionales como los familiares a cargo de una persona de edad avanzada deberían conocer cuáles son los primeros síntomas del ictus para prevenir su aparición o limitar sus secuelas. Los principales signos de alerta de que puede producirse un ictus son: Dolor de cabeza, pérdida de la sensibilidad en alguna parte del cuerpo, pérdida de fuerza repentina, pérdida de equilibrio, pérdida de visión y alteraciones del habla.

¿Cómo se previene el ictus?

Pese a la existencia de algunos síntomas que pueden servir de advertencia, el accidente cerebrovascular se produce de manera repentina. Esa inmediatez es un aspecto que juega en contra de una asistencia adecuada en el momento preciso. Por este motivo el tratamiento más eficaz del ictus es su prevención.

Teniendo en cuenta que hay factores de riesgo que se pueden controlar más allá de la edad, el sexo o la genética, sería conveniente controlar los siguientes aspectos:

  • Controlar los niveles de azúcar y colesterol
  • Controlar la presión arterial
  • Llevar una dieta sana y equilibrada
  • Practicar ejercicio de forma regular.
  • Prescindir del tabaco y el alcohol y promover hábitos de vida saludables.

¿Cómo se recupera del ictus?

El tiempo de recuperación tras un ictus varía de un paciente a otro, pero siempre conlleva un período de entre 3 y 6 meses, aunque en algunos casos se extiende hasta un año.

Además, hay que tener en cuenta las secuelas del ictus, presentes en un alto porcentaje de pacientes. La recuperación tras un ictus es un proceso complicado en el que han de implicarse por igual los pacientes y su entorno.

El cuidado domiciliario implica también la adaptación del hogar para minimizar el impacto derivado de la movilidad y comprensión reducida del anciano. Eliminar obstáculos, colocar protecciones en las esquinas y bordes del mobiliario, mantener las estancias bien iluminadas, usar contrastes notables e indicadores, todas estas adaptaciones son positivas para el mayor.

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