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Escalas de evaluación cognitiva para un ACV

La enfermedad cerebrovascular es un término jerárquicamente amplio. Es un síndrome que incluye un grupo de enfermedades heterogéneas con un punto en común: una alteración en la vasculatura del sistema nervioso central, que lleva a un desequilibrio entre el aporte de oxígeno y los requerimientos de oxígeno, cuya consecuencia es una disfunción focal del tejido cerebral.

El accidente cerebrovascular (ACV), por otra parte, se refiere a la naturaleza de la lesión, y se clasifica en dos grandes grupos: isquémico y hemorrágico. El ACV isquémico agudo se genera por oclusión de un vaso arterial e implica daños permanentes por isquemia; no obstante, si la oclusión es transitoria y se autorresuelve, se presentarán manifestaciones momentáneas, lo cual haría referencia a un ataque isquémico transitorio, que se define como un episodio de déficit neurológico focal por isquemia cerebral, de menos de 60 minutos de duración, completa resolución posterior, y sin cambios en las neuroimágenes.

¿Cuáles son las causas de un Accidente Cerebrovascular?

Existen 5 categorías etiológicas del ACV según la escala de TOAST, y su categorización ha probado ser benéfica al optimizar el tratamiento específico de cada paciente.

  • Enfermedad aterotrombótica-aterosclerótica de gran vaso:

La isquemia es generalmente de tamaño medio o grande, de topografía cortical o subcortical y localización vertebrobasilar o carotídea.

  • Cardioembolismo:

Isquemia de tamaño medio o grande, de topografía cortical en la que existe alguna cardiopatía de características embolígenas.

  • Enfermedad oclusiva de pequeño vaso infarto lacunar:

Isquemia de pequeño tamaño < 1,5 cm de diámetro.

  • Otras causas:

Isquemia de tamaño variable de localización cortical o subcortical, en territorio carotídeo o vertebrobasilar, en un paciente en el que se han descartado las tres anteriores.

  • De origen indeterminado:

Por estudio incompleto, por más de una etiología o por origen desconocido y estudio completo

Escalas que valoran la cognición en un evento cerebrovascular

Existen diversas escalas que deben de ser monitoreadas cuando un paciente presenta un eventocebrovascular repentino, entre ellas conocemos:

Escala del Ictus del Instituto Nacional de la Salud (National Institute of Health Stroke Scale):

Es la escala más empleada para la valoración de funciones neurológicas básicas en la fase aguda del ictus isquémico, tanto al inicio como durante su evolución. Está constituida por 11 ítems que permiten explorar de forma rápida:

  • Funciones corticales
  • Pares craneales superiores
  • Función motora
  • Sensibilidad
  • Coordinación
  • Lenguaje.

Nos permite detectar fácilmente mejoría o empeoramiento neurológico (aumento de al menos 4 puntos respecto al estado basal). 

Según la puntuación obtenida podemos clasificar la gravedad neurológica en varios grupos:

  • 0: sin déficit
  • 1: déficit mínimo
  • 2-5: leve
  • 6-15: moderado
  • 15-20: déficit importante
  • > 20: grave

Escala Canadiense:

Es una escala de valoración neurológica, sencilla, que comprende aspectos cognitivos (consciencia, lenguaje y orientación), determinando las posibilidades de comunicación con el paciente, y motores.

En cierto modo también se puede aplicar como escala funcional ya que permite definir las actividades de la vida diaria que se verán afectadas según las limitaciones halladas y la afectación en la calidad de vida que ello supondrá.

Escala de Hunt y Hess:

Es la escala más utilizada en la valoración y seguimiento de la Hemorragia Subarcnoidea (HSA). Relaciona los síntomas neurológicos que presenta el paciente y su deterioro a través del grado asignado, con la severidad de la patología intracraneal asociada, con riesgo quirúrgico y el riesgo de complicaciones.

También determina el manejo terapéutico del paciente: se recomienda que un paciente con un grado I a III en la escala Hunt y Hess, se intervenga el aneurisma dentro de las primeras de las 72 horas.

Escala de Coma de Glasgow:

La ECG es la escala más difundida para valorar las alteraciones de la conciencia tanto en el momento inicial como posteriormente, aunque hay quien estima que tiene escasa sensibilidad en la detección precoz de su deterioro. Asigna una puntuación basada en 3 parámetros de función neurológica:

  • Apertura ocular
  • Mejor respuesta verbal
  • Mejor respuesta motora.

Indice de Barthel:

Evalúa la capacidad funcional para las actividades basales de la vida diaria (ABVD), valorando 10 áreas:

  • Alimentación
  • Baño
  • Aseo personal
  • Vestirse
  • Control de esfínteres anal y vesical
  • Manejo del inodoro
  • Desplazamiento silla/cama
  • Deambulación
  • Subir y bajar escaleras.

Se puntúa de 0 (total dependencia) a 100 (total independencia). Como punto de corte se ha establecido el 60 (Cid-Ruzafa 2007) por encima del cual ya se considera independiente para ABVD.

Como se ha mostrado, la EVC representa una entidad heterogénea, constituida por diferentes subtipos, cada uno de los cuales tienen diferentes manifestaciones clínicas, diferente forma de abordaje diagnóstico y quizá lo más importante; requiere de diferentes tratamientos tanto durante la fase aguda como de prevención secundaria. De ahí radica la importancia de categorizar adecuadamente a los diferentes trastornos neurovasculares.

¿Cuáles son las secuelas cognitivas que puede dejar un ACV?

Las secuelas cognitivas que pueden surgir después de un accidente cerebrovascular (ACV) son diversas y pueden variar en gravedad según la ubicación, el tamaño y la gravedad del ACV. Algunas de las secuelas cognitivas comunes incluyen:

  • Dificultades en la memoria:

Los pacientes pueden experimentar problemas para recordar información reciente o pasada, lo que puede afectar su capacidad para aprender nueva información o recordar eventos importantes de su vida diaria.

  • Dificultades en la atención y concentración:

El ACV puede afectar la capacidad de una persona para mantener la atención en una tarea o actividad durante períodos prolongados, lo que puede interferir con su capacidad para completar tareas cotidianas.

  • Deterioro en las habilidades del lenguaje:

Dependiendo del área del cerebro afectada por el ACV, los pacientes pueden experimentar dificultades para comprender el lenguaje hablado o escrito (afasia receptiva) o para expresarse verbalmente o por escrito (afasia expresiva).

  • Dificultades en la percepción visual y espacial:

Algunas personas pueden experimentar cambios en su capacidad para percibir el mundo visualmente, lo que puede manifestarse en dificultades para juzgar distancias, reconocer caras o leer mapas.

  • Dificultades en las funciones ejecutivas:

Estas funciones incluyen habilidades como la planificación, la organización, la resolución de problemas y el razonamiento abstracto. Un ACV puede afectar estas habilidades, lo que puede dificultar la realización de tareas complejas o la toma de decisiones.

  • Cambios en la velocidad de procesamiento:

Algunas personas pueden experimentar una disminución en la velocidad con la que procesan la información, lo que puede hacer que las tareas cotidianas requieran más tiempo y esfuerzo.

  • Cambios en la personalidad y el estado de ánimo:

Los cambios emocionales son comunes después de un ACV y pueden incluir depresión, ansiedad, irritabilidad o cambios en el temperamento.

Es importante destacar que las secuelas cognitivas pueden variar considerablemente de una persona a otra y pueden mejorar con el tiempo, especialmente con rehabilitación y terapia adecuadas. El apoyo de profesionales de la salud, como neurólogos, terapeutas ocupacionales y logopedas, es fundamental para ayudar a los pacientes a adaptarse a estos cambios y maximizar su calidad de vida.

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