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Hábitos más importantes para prevenir un ACV

Autor: Giovana Fermat Roldán

Hábitos más importantes para prevenir un ACV

El accidente cerebrovascular (ACV) o infarto cerebral es una de las principales causas de discapacidad y mortalidad a nivel mundial. Ocurre cuando se interrumpe el flujo sanguíneo hacia una parte del cerebro, privándolo de oxígeno y nutrientes esenciales. Esto puede deberse a un coágulo que obstruye un vaso sanguíneo (ACV isquémico) o a la ruptura de un vaso que provoca sangrado en el cerebro (ACV hemorrágico). Ambas situaciones llevan a la muerte de células cerebrales, lo que puede causar déficits neurológicos, pérdida de funciones motoras y, en algunos casos, la muerte. A continuación, exploraremos algunos de los hábitos para prevenir un ACV.

Control de la presión arterial

La hipertensión arterial es uno de los factores de riesgo más fuertes para el ACV. Cuando la presión arterial se mantiene elevada, ejerce una presión constante en las paredes de las arterias, debilitándolas y aumentando la probabilidad de obstrucciones o rupturas. Controlar la presión arterial es crucial, y esto se logra mediante hábitos de vida saludables, así como con el uso de medicamentos cuando es necesario.

Para quienes tienen predisposición a la hipertensión, una dieta baja en sodio es fundamental. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda limitar el consumo de sodio a menos de 2 gramos al día (equivalente a 5 gramos de sal de mesa) para reducir el riesgo de hipertensión y sus consecuencias. Leer las etiquetas de los alimentos, reducir el consumo de productos procesados y moderar la cantidad de sal añadida son medidas efectivas para mantener la presión arterial en rangos normales.

Control del colesterol

El colesterol alto es otro factor que contribuye a la formación de placas de ateroma en las arterias, las cuales estrechan y obstruyen los vasos sanguíneos, limitando el flujo de sangre hacia el cerebro. Este proceso, conocido como aterosclerosis, aumenta las probabilidades de que un coágulo se aloje en las arterias cerebrales y provoque un ACV.

Mantener niveles de colesterol saludables se logra mediante una alimentación balanceada, reduciendo el consumo de grasas saturadas y trans, que están presentes en alimentos procesados, fritos y productos de origen animal en exceso. En algunos casos, el neurólogo puede recomendar medicamentos para el control del colesterol, como las estatinas, que contribuyen a reducir los niveles de colesterol LDL («malo») en la sangre.

Evitar el tabaquismo

Fumar cigarrillos es un factor de riesgo significativo para el ACV. Las sustancias químicas presentes en el humo del tabaco, como la nicotina y el monóxido de carbono, dañan las arterias y aumentan la presión arterial, lo cual eleva el riesgo de que se forme un coágulo o que ocurra una hemorragia cerebral.

Dejar de fumar reduce el riesgo de ACV a largo plazo y mejora la salud cardiovascular en general. Para muchas personas, abandonar el tabaco puede ser un reto, pero existen recursos como terapias de reemplazo de nicotina, asesoramiento psicológico y medicamentos que pueden facilitar este proceso. La buena noticia es que, al dejar de fumar, el riesgo de ACV disminuye progresivamente, alcanzando niveles similares al de una persona no fumadora en el transcurso de cinco a diez años.

Realizar actividad física regularmente

El ejercicio físico ayuda a reducir la presión arterial, mejorar el perfil de lípidos en la sangre y fortalecer el sistema cardiovascular en general. Además, el ejercicio es beneficioso para el control de peso, otro factor que influye en el riesgo de ACV, ya que el sobrepeso y la obesidad están asociados con la hipertensión, el colesterol elevado y la diabetes, todos ellos factores de riesgo importantes para el ACV.

Se recomienda realizar al menos 150 minutos de actividad física moderada o 75 minutos de actividad intensa a la semana. Actividades como caminar, nadar, andar en bicicleta o practicar deportes de resistencia son beneficiosas para mantener la salud cardiovascular. Incluso actividades cotidianas como subir escaleras o caminar a un ritmo rápido pueden marcar una diferencia en la prevención del ACV.

Alimentación saludable

La alimentación juega un papel crucial en la prevención del ACV. Seguir una dieta balanceada, rica en frutas, verduras, granos enteros, proteínas magras y grasas saludables, es fundamental. Se recomienda también moderar el consumo de alcohol, ya que el consumo excesivo está asociado con hipertensión y enfermedades del corazón.

Control de comorbilidades

Enfermedades como la diabetes, la obesidad, la enfermedad renal crónica y ciertos trastornos cardíacos incrementan el riesgo de ACV. La diabetes, en particular, es una condición que daña los vasos sanguíneos con el tiempo, y el alto nivel de azúcar en la sangre contribuye al desarrollo de aterosclerosis. Para las personas con comorbilidades, seguir el tratamiento prescrito y realizar un monitoreo regular con su médico especialista es esencial para reducir el riesgo de complicaciones.

Chequeo médico regular

Realizar chequeos médicos de manera periódica permite detectar y tratar factores de riesgo antes de que se conviertan en problemas graves. Los exámenes regulares de presión arterial, colesterol, glucosa en sangre y otros indicadores ayudan a prevenir el ACV al identificar desequilibrios o condiciones que puedan ser tratadas a tiempo. Además, para las personas con antecedentes familiares de ACV o problemas cardiovasculares, los chequeos médicos pueden incluir estudios específicos para detectar anomalías en los vasos sanguíneos del cerebro.

Aunque el riesgo de ACV puede estar influido por factores genéticos, adoptar un estilo de vida saludable reduce considerablemente las probabilidades de sufrir un infarto cerebral. Controlar la presión arterial, el colesterol, evitar el tabaco, mantener una alimentación balanceada y realizar actividad física de forma regular forman parte de los hábitos para prevenir un ACV.