Infarto Cerebral en Monterrey

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Hipertensión arterial: riesgo de Infarto Cerebral

La presión arterial alta es el principal factor de riesgo para que se presente un accidente cerebrovascular como el Infarto Cerebral, también conocido como Ictus, esto debido al daño que provoca la hipertensión en las arterias, ya que puede tener como consecuencia que se rompan y obstruyan con mayor facilidad.

Por este motivo controlar la hipertensión arterial es fundamental para reducir las posibilidades de sufrir un derrame cerebral. La presión arterial es la fuerza ejercida por la sangre sobre la superficie arterial. 

En Neurocenter tenemos la certeza de que con nuestra propuesta alternativa de atención, nuestra constante búsqueda de innovación y nuestra robusta comunidad de profesionales podemos detener las pérdidas y ayudarte a ganar fuerza, a hilar palabras, a dar pasos, a hacer guiños, a pasar bocados, a adquirir firmeza, confianza y todo aquello que, quien nos busca, requiere para tener una vida plena.

¿Cómo saber si tengo hipertensión?

En la mayoría de los casos de presión arterial alta, no se presentan síntomas, por lo que es común que el diagnóstico se haga cuando se acude a buscar atención médica por otra causa.

Sin embargo hay casos de hipertensión más severos en los que se pueden presentar los siguientes síntomas:

  • Dolor de cabeza fuerte
  • Náuseas o vómitos
  • Confusión
  • Cambios en la visión
  • Sangrado nasal

Si tienes hipertensión arterial es importante buscar un tratamiento médico que la controle, para de esta manera reducir el riesgo de que se presente un Infarto Cerebral.

Cifras en México

Según información oficial, en México 1 de cada 4 personas padece hipertensión arterial, es decir, 25.5% de la población, de los cuales aproximadamente el 40% ignora que tiene esta enfermedad, y ello repercute en su condición de salud; y cerca del 60% que conoce el diagnóstico, solamente la mitad están controlados.

Se estima en 450 mil el número de nuevos casos de hipertensión diagnosticados en nuestro país cada año, cifra que podría duplicarse si se considera que hasta 47.3% de las personas hipertensas desconoce su padecimiento.

De acuerdo con los datos presentados por esta investigación, la prevalencia de hipertensos con tensión arterial controlada en México es de solo 45.6%, la cual es considerablemente más baja que la de países como Cuba (85.8%), Estados Unidos (65.4%) y Chile (56.8%).

¿Qué es un infarto cerebral?

Si no tienes claro qué es un Infarto cerebral y cómo puede afectarte, te platico que se trata de un evento en el que un área del cerebro sufre isquemia, es decir, deja de recibir el aporte de sangre y oxígeno que necesita para su funcionamiento, lo que ocasiona daño en las células del cerebro de esa región.

De manera concreta, existen dos tipos de infarto cerebral: infarto cerebral isquémico y hemorrágico.

Accidente cerebrovascular isquémico: sucede cuando una arteria del cerebro se obstruye de repente ya sea por un coágulo o por una placa de colesterol. Esto ocasiona que no exista buena irrigación sanguínea similar a lo que ocurre en un infarto al corazón.

Accidente cerebrovascular hemorrágico: conocido comúnmente como derrame o hemorragia cerebral, sucede cuando un vaso sanguíneo se rompe, por lo tanto, la sangre se “derrama” en una parte del cerebro causando inflamación además de la falta de irrigación.

Tratamiento, pronóstico y secuelas

Si ya sufriste un infarto cerebral, existen muchas maneras de tratarlo y buscar revertir las secuelas que haya podido provocar. En la mayoría de los pacientes que sufren un infarto cerebral isquémico el tratamiento “agudo” consiste en medicamentos antiagregantes plaquetarios y anticoagulantes, cuya función es deshacer y evitar la formación de coágulos, el manejo de los niveles de colesterol y de la presión arterial.

En algunas ocasiones, en caso de que el neurólogo lo indique, se puede realizar manejo endovascular, que consiste en “destapar” la arteria mediante procedimientos intervencionistas.

El pronóstico y las secuelas después de sufrir un infarto cerebral dependen de la gravedad del mismo, y casi siempre van de la mano del tiempo y la extensión. Es decir, entre más tiempo pase desde que se presentaron los síntomas hasta que se inicie el tratamiento y entre más grande es el área del cerebro que no está recibiendo irrigación, el riesgo de complicaciones o secuelas es mayor. Por eso en medicina decimos que “el tiempo es cerebro”.

¿Por qué suceden y cómo identificarlos?

Las causas de un infarto cerebral pueden variar entre cada paciente y según el tipo de infarto.

Actualmente se han identificado una serie de factores de riesgo, es decir, situaciones que se han asociado con el riesgo de padecer un infarto cerebral. Algunos de estos son modificables, como tener una vida sedentaria, el sobrepeso y obesidad, arritmias o enfermedad cardíaca, la diabetes, hipertensión arterial, niveles altos de colesterol, entre otros.

El hecho de que sean modificables significa que mantenerlos controlados con dieta saludable, ejercicio y apego a las recomendaciones del médico, disminuye la probabilidad de sufrir un infarto. 

Por el contrario, los factores de riesgo no modificables son situaciones que no podemos cambiar, como la edad mayor de 75 años, ser del sexo masculino o algunos factores genéticos o hereditarios.

¿Cómo se presenta un infarto cerebral?

Recordemos que el cerebro es el encargado de controlar muchas de las funciones del cuerpo y que cada área del mismo se encarga de tareas específicas. Algunas células del cerebro controlan el movimiento de los brazos y las piernas, otras el lenguaje, la vista, la sensibilidad, el equilibrio, la memoria, la conciencia, etc. Por lo tanto es esperable que los síntomas dependan del área que fue afectada.

Los síntomas clásicos que siempre deben de hacernos sospechar de un infarto cerebral son la debilidad de una parte del cuerpo (principalmente brazos o piernas), dificultad para hablar (a veces se presenta como palabras sin sentido o “arrastrar las palabras”) o tener asimetría facial (como la caída del párpado o desviación de la comisura de la boca).

Un dolor de cabeza intenso y súbito, casi siempre descrito como “el peor dolor de cabeza de la vida” nos debe hacer sospechar de una hemorragia cerebral.

En algunas ocasiones estos síntomas se resuelven de manera completa en menos de 24 horas, sin dejar secuelas ni hallazgos en los estudios diagnósticos, lo que se llama “ataque isquémico transitorio”, y sucede cuando un vaso sanguíneo se obstruye pero después recupera el flujo sanguíneo. Estos pacientes se estudian para conocer el riesgo de que vuelvan a presentar algún evento y el tratamiento se individualiza según cada caso.

En Neurocenter estamos plenamente convencidos que sólo desafiando las metodologías tradicionales de atención neurológica que se brindan en los sistemas de salud convencionales, podemos lograr que nuestros pacientes recuperen las sonrisas, los paseos, las charlas, los abrazos, su independencia o su movilidad.

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