Significado NIHSS 5, 10 o 20 en casos de infarto cerebral
Autor: Giovana Fermat Roldán

Cuando un paciente llega con un infarto cerebral, los médicos necesitan herramientas objetivas para medir la gravedad del evento y decidir el tratamiento más adecuado. La escala NIHSS (National Institutes of Health Stroke Scale) es la más utilizada en la evaluación neurológica inicial de un accidente cerebrovascular (ACV), permitiendo cuantificar el daño cerebral, predecir el pronóstico neurológico y guiar la intervención médica temprana.
¿Qué es un infarto cerebral?
Un infarto cerebral se produce cuando una arteria que suple oxígeno al cerebro se obstruye, generando isquemia y muerte neuronal en la zona afectada. Los síntomas son muy variables, y van a depender de la función cerebral pérdida por el territorio cerebral afectado. Se presenta como un déficit neurológico súbito, es decir, con aparición en minutos u horas de síntomas focales. Estos son los síntomas más comunes:
- Pérdida de la función motora en un lado del cuerpo (hemiparesia u hemiplejia).
- Parálisis facial asimétrica.
- Lenguaje afectado: dificultad para hablar (afasia) o articular (disartria).
- Alteración del nivel de conciencia, desde somnolencia leve hasta coma.
- Alteraciones sensoriales: adormecimiento o falta de sensación en extremidades.
- Problemas visuales: pérdida de campo visual o visión doble.
¿Qué es la escala NIHSS y por qué es importante?
La NIHSS es una herramienta validada que puntúa los déficits tras un ACV. Consta de 15 ítems —cada uno valorado de 0 (normal) a 2, 3 o 4 según el test— que suman un total entre 0 y 42 puntos. Cuanto mayor es la puntuación, más grave es el ictus y mayor el riesgo de discapacidad.
¿Para qué sirve la NIHSS?
- Cuantificar el déficit neurológico:
Ayuda a comunicar de forma objetiva la severidad del ictus.
- Tomar decisiones terapéuticas:
Determina si el paciente es candidato a trombolisis o trombectomía.
- Pronóstico:
Predice mortalidad y riesgo de dependencia.
- Seguimiento neurológico:
Evalúa evolución clínica y respuesta al tratamiento.
- Investigación:
Estandariza la comparación entre estudios y ensayos clínicos.
Componentes de la NIHSS: ¿qué evalúa la escala?
- Nivel de conciencia (0–3): ¿está alerta, somnoliento o no responde?
- Preguntas sobre conciencia (0–2): capacidad para contestar nombre y mes del año.
- Órdenes simples (0–2): seguir instrucciones como “abra/cierre ojos”.
- Movimientos de mirada horizontal (0–2): desviación o parálisis ocular.
- Campo visual (0–3): hemianopsia o cuadrantanopsia, es decir, que no pueda ver una parte del campo visual.
- Parálisis facial (0–3): simetría de la frente, ojos y boca.
- Función motora – brazo izquierdo (0–4): Debilidad de la extremidad en sus distintos grados.
- Función motora – brazo derecho (0–4): Debilidad de la extremidad en sus distintos grados.
- Función motora – pierna izquierda (0–4): Debilidad de la extremidad en sus distintos grados.
- Función motora – pierna derecha (0–4): Debilidad de la extremidad en sus distintos grados.
- Coordinación y ataxia (0–2): pruebas de dedo-nariz o talón-rodilla.
- Sensibilidad (0–2): respuesta al pinchazo con aguja simulada.
- Lenguaje (0–3): fluidez verbal, comprensión y repetición, comparando un lado del cuerpo con el otro
- Disartria (0–2): problemas en la articulación de palabras.
- Extinción o inatención (neglect) (0–2): capacidad de percibir estímulos bilaterales.
Cada uno de estos ítems refleja un aspecto clave del déficit neurológico, desde la función motora hasta el lenguaje afectado o la capacidad de atención espacial.

Interpretación de NIHSS 5, NIHSS 10 y NIHSS 20
NIHSS 5
- Puntaje bajo que indica un ictus leve.
- Déficit focal limitado: puede ser una leve debilidad en brazo o alteraciones tímidas en el habla.
- Pronóstico neurológico favorable: baja mortalidad y escaso riesgo de discapacidad permanente.
- Manejo: medicamentos para evitar la formación de coágulos y seguimiento neurológico ambulatorio.
NIHSS 10
- Ictus de gravedad moderada.
- Déficits más evidentes: hemiparesia moderada, afasia parcial o campo visual comprometido.
- Alto candidato a intervención médica temprana: trombólisis intravenosa y/o trombectomía mecánica si cumple criterios.
- Requiere ingreso en unidad de ictus y planificación de rehabilitación post infarto intensiva.
NIHSS 20
- Ictus grave: puntaje alto sugiere gran extensión de daño cerebral.
- Compromiso severo de función motora, afasia global, alteración marcada del nivel de conciencia.
- Pronóstico neurológico reservado: elevado riesgo de discapacidad y mortalidad.
- Atención en cuidados intensivos neurológicos, manejo de complicaciones y terapia de rehabilitación post infarto prolongada.
- El seguimiento neurológico es crítico para ajustar tratamiento y cuidados de soporte.
Aplicaciones prácticas y toma de decisiones
- Selección de tratamiento de reperfusión: pacientes con NIHSS 5–15 suelen ser ideales para trombólisis; puntajes > 15 a veces también reciben trombectomía.
- Derivación a unidad de ictus: asegura monitoreo estrecho, prevención de complicaciones y entrada temprana a fisioterapia.
- Comunicación multidisciplinaria: neurólogos, internistas, fisiatras y terapeutas utilizan la NIHSS para coordinar planes de rehabilitación post infarto.
- Planificación del alta y seguimiento neurológico: según el puntaje se decide el nivel de soporte en casa, recursos comunitarios y frecuencia de consultas.
La escala NIHSS es fundamental en el manejo del infarto cerebral y el accidente cerebrovascular. Comprender qué indican puntajes como NIHSS 5, NIHSS 10 o NIHSS 20 permite a médicos y familiares dimensionar la gravedad del ictus, tomar la intervención médica temprana adecuada y planificar una rehabilitación y seguimiento neurológico efectivos. Una evaluación precisa con NIHSS no solo salva tiempo y vidas, sino que maximiza las posibilidades de recuperación y minimiza el riesgo de discapacidad a largo plazo.
Causas y factores de riesgo para un infarto cerebral
El infarto cerebral, también conocido como accidente cerebrovascular isquémico, ocurre cuando el flujo de sangre a una parte del cerebro se interrumpe o se reduce significativamente, privando al tejido cerebral de oxígeno y nutrientes. Comprender las causas y los factores de riesgo es esencial, ya que ofrece una oportunidad única de prevención y atención temprana. Permítele a quien lee este texto imaginar al cerebro como un jardín que necesita un flujo constante de agua; si una tubería se bloquea, las plantas comienzan a marchitarse rápidamente. Así sucede con las células cerebrales ante un infarto cerebral.
Causas principales de un infarto cerebral
1. Trombosis cerebral
Sucede cuando se forma un coágulo de sangre (trombo) directamente en una arteria del cerebro, generalmente como resultado de arteriosclerosis. Con el paso del tiempo, las arterias pueden endurecerse y estrecharse debido a la acumulación de placa (una mezcla de grasa, colesterol y otras sustancias), lo que favorece la formación de estos coágulos.
2. Embolismo cerebral
Aquí, el coágulo se forma en otra parte del cuerpo —por ejemplo, en el corazón— y viaja a través del torrente sanguíneo hasta alojarse en una arteria cerebral. Es como si una corriente de escombros flotara en un río hasta atascarse en un punto crucial. Esto es común en personas que presentan problemas cardíacos como fibrilación auricular.
3. Hipoperfusión sistémica
En algunos casos, una disminución global del flujo sanguíneo en el cuerpo, como la que puede ocurrir en un paro cardíaco o una bajada severa de la presión arterial (shock), lleva a un infarto cerebral, especialmente en áreas del cerebro más vulnerables a la falta de oxígeno.
4. Enfermedades de pequeños vasos
Algunas veces, las arterias más pequeñas dentro del cerebro sufren daños crónicos debido a factores como la hipertensión prolongada o la diabetes, provocando infartos lacunares, que aunque pequeños, pueden tener consecuencias clínicas importantes.
Factores de riesgo para sufrir un infarto cerebral
El riesgo de un infarto cerebral no es obra del azar. Se construye día a día a partir de una combinación de factores modificables y no modificables:
Factores modificables:
Estos son los que, al ser identificados y tratados a tiempo, pueden cambiar el destino de una persona.
- Hipertensión arterial: Es el factor de riesgo más importante. La presión alta daña las paredes de las arterias, facilitando la formación de coágulos.
- Diabetes mellitus: Esta enfermedad altera el metabolismo de la glucosa y acelera el daño vascular.
- Dislipidemia (colesterol alto): Favorece la acumulación de placas en las arterias.
- Tabaquismo: Fumar no solo daña los vasos sanguíneos, sino que también aumenta la tendencia de la sangre a coagularse.
- Obesidad y sedentarismo: Un peso corporal elevado y la falta de actividad física afectan negativamente la presión arterial, los niveles de colesterol y el metabolismo de la glucosa.
- Consumo excesivo de alcohol: Beber en exceso eleva la presión arterial y puede generar alteraciones del ritmo cardíaco.
- Fibrilación auricular y otras enfermedades cardíacas: Causan la formación de coágulos en el corazón que pueden migrar al cerebro.
- Uso de anticonceptivos orales (en ciertas mujeres): Especialmente cuando se combina con otros factores de riesgo como el tabaquismo.
Factores no modificables:
Aunque no se pueden cambiar, conocerlos permite estar más alerta.
- Edad: El riesgo de infarto cerebral aumenta con el paso de los años, particularmente después de los 55 años.
- Sexo: Aunque el infarto cerebral puede afectar tanto a hombres como a mujeres, ciertos subtipos pueden ser más frecuentes o más graves en uno u otro.
- Historial familiar y genética: Tener un familiar cercano que haya sufrido un infarto cerebral puede aumentar el riesgo.
- Antecedentes personales de infarto cerebral o ataque isquémico transitorio (AIT): Haber sufrido un evento previo indica una mayor probabilidad de recurrencia.
